Krautrock

La Alemania de finales de los años 60 era un país que, después de muchos años acabada la Segunda Guerra Mundial, seguía aún en reconstrucción. La desnazificación se convertía poco a poco en una mentira que evidenciaba cierto atraso en un país derrotado y al que le costaba salir adelante. La presencia e influencia de los países occidentales y los Estados Unidos cada vez era mayor, y el país se encontraba en el límite que separaba el bloque capitalista del bloque comunista.

Los jóvenes nacidos después de la 2GM renegaban de toda la cultura alemana anterior y buscaban generar una nueva en todos los planos posibles. Tanto los Estados Unidos como Europa estaban experimentando una efervescencia cultural, y los alemanes no querían quedarse atrás.

De este modo, en el plano musical surgió el Krautrock (o la Kosmische Music) una corriente de rock experimental  con la que los jóvenes alemanes buscaban dejar atrás toda la tradición musical anterior, dominada por el Schlager (un tipo de género  popular que controlaba la escena).

Es muy importante entender el krautrock no como un género musical propiamente dicho, si no como una corriente musical, en la que se englobarán multitud de estilos, ya sean el jazz-rock,  la psicodelia, la experimentación, el space-rock, el pop electrónico, el ambient o el rock progresivo, entre muchos otros. Aun así, existen elementos comunes en toda la música kraut, no solo la nacionalidad de las bandas o el contexto social y político que vivieron, sino también el empleo de la tecnología y los nuevos instrumentos electrónicos (inimaginable la existencia de esta corriente sin la aparición del Moog o del sintetizador); el uso del estudio, no solo para registrar la grabación, si no como un instrumento más con el que poder crear música; la búsqueda de experimentación permanente o una ideología de izquierdismo radical compartida por todos los músicos.

Cluster – “Hollywood”

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La presencia constante de los soldados americanos en la Alemania occidental hizo que estos accedieran al jazz de vanguardia, al rock psicodélico y progresivo, a la música avant-garde y al rhythm and blues, lo que influyó notablemente en la Kosmische Music.  Es enorme también la influencia de Karlheinz Stockhausen, compositor, director de orquesta, profesor y teórico de música contemporánea, que introdujo la electrónica en la música del s.XX. Otras influencias importantes serían también el minimalismo y la música avant-garde de LaMonte Young y John Cage, los ritmos y notas sostenidas de la Velvet Underground, los trabajos más vanguardistas y experimentales de los Beatles, la protoelectronica de los Silver Apples o los primeros Pink Floyd (los de Syd Barret), la música africana e india, los hallazgos de productores como Lee “Scratch” Perry en el estudio, o muchas otras bandas.

Los pioneros de este movimiento fueron Tangerine Dream, quienes acuñaron a su música el término de “Kosmische Music” y usaron los sintetizadores para crear atmósferas cósmicas, cercanas al space-rock. Popol Vuh, Harmonia o Cluster también desarrollaron sonidos ambientales y el space-rock.

Kraftwerk tal vez sea el grupo más popular de los surgidos de esta corriente, aunque es inevitable reconocer su importancia en todo el desarrollo de la música electrónica posterior. Originarios de Dusseldorf, crearon con su álbum Autobahn, el primer disco tocado íntegramente por instrumentos electrónicos (con algunos orgánicos como la guitarra o la flauta), el tecnopop.

Kraftwerk – “Autobahn”
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Los seminales Neu! nacieron a rebufo de Kraftwerk (sus dos miembros, Rother y Dinger, habían pertenecido a las primeras formaciones de la banda), pero su importancia se encuentra al mismo nivel. Combinaron ambient, guitarras abrasivas, atmosferas industriales y el (creado por ellos mismos) ritmo motorik, llamado así por que produce la misma sensación rítmica y repetitiva que el motor de un coche. La influencia de la banda se puede rastrear en el post-rock, la música electrónica  y todas las corrientes de rock experimental.

Amon Düül  II surge de una comuna de hippies activistas, y aportaron un sonido realmente innovador, psicodélico y muy progresivo, llevando la improvisación hasta límites insospechados.

Faust – “Krautrock”

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Faust fueron los únicos que no provenían de un centro urbano o de una ciudad, si no que provenían de un núcleo rural. Mezclando sonidos industriales con mucha experimentación formaron uno de los grupos más reconocidos dentro de la escena underground, pero de escasa proyección fuera de esta. Sus primeros álbumes se consideran grandes obras del género. En “Faust IV, su álbum de 1973 se encuentra la canción-homenaje “Krautrock”, que bien condensa todos los elementos de este.

En último lugar, hablaré de (mi banda favorita) CAN (acrónimo de: “Anarquismo, Comunismo, Nihilismo”). La agrupación de Colonia no es solo una de las más representativas del krautrock, sino que es una de las bandas más importantes del rock de toda la historia.  Sus integrantes provenían de sitios muy dispares como el free jazz (el batería Jaki Liebitz), el rock de los años 60 (el guitarrista Michael Karoli) o de las enseñanzas de Stockhausen (Irmin Schmidt y Holger Czukay, teclista y bajista respectivamente). Además de estos, en diferentes épocas incorporaron a extravagantes cantantes como Malcom Mooney o el japonés Damo Suzuki. A pesar de ser todos grandes músicos ninguno sobresale por encima de los demás, pues su música trataba de formar un todo, buscaban complementarse los unos a los otros.

Uniendo el free jazz, el rock más ácido, la música de cámara y extraordinarias percusiones, creaban improvisadas e hipnóticas jams instrumentales, cuya escucha nos ofrece una experiencia sonora apasionante.

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Otras importantes bandas del krautrock son: La Düsseldorf, Ash Ra Tempel, Cosmic Jokers o Guru Guru.

Gracias a personalidades como Brian Eno, Robert Fripp, David Bowie e Iggy Pop, que fueron a finales de los 70 a Berlín a grabar, las bandas de krautrock poco a poco comenzaron a obtener cierta repercusión en el exterior. David Bowie, por su parte, grabó con Eno su llamada “Trilogía berlinesa”, formada por “Low, “Heroesy “Lodger, influenciada fuertemente por grupos como Neu! o Harmonia, sobre todo las caras B de Low y Heroes. Iggy Pop grabó The Idiot y Robert Fripp registró “Exposure y varios trabajos con Brian Eno, todos ellos también con elementos kraut.

Brian Eno, fue tal vez el que más ayudo a que el género traspasara fronteras. Las inquietudes  musicales del ex-Roxy Music y su interés por la música electrónica lo llevaron a indagar en el krautrock mucho más que los músicos anteriormente mencionados, por lo que llego incluso a formar parte de bandas como Cluster o Harmonia, o a producir a varios grupos alemanes.

Los discos de Bowie son los primeros en mostrar una clara influencia de esta corriente, pero muchos otros grupos, como PIL, Bauhaus (post-punk), Gary Numan, Japan (electrónica y tecnopop), Tortoise, Stereolab, Mogwai (post-rock), Radiohead o incluso Wilco, presentan una clara influencia de estas bandas alemanas.

Los álbumes más representativos de la corriente son (sin orden especial):

Amon Düül II – Yeti (1970)

Can – Tago Mago (1971)

Can – Ege Bamyasi (1972)

Can – Future Days (1973)

Cluster – Cluster II (1972)

Cluster – Zuckerzeit (1974)

Faust – Faust (1971)

Faust – Faust IV (1973)

Guru Guru – UFO (1970)

Harmonia – Music Von Harmonia (1974)

Kraftwerk – Autobahn (1974)

Neu! – Neu! (1972)

Tangerine Dream – Electronic Meditation (1970)

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Neu! – “Hallogallo”

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(Dentro de poco realizaré un post dedicado únicamente a CAN, en el que reseñaré algunos de sus discos, y más hacia delante realizare también reseñas de muchos de estos discos destacados.)

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My Bloody Valentine – Loveless (1991)

Loveless fue un clásico instantáneo. Editado en el 1991, desde el mismo momento de su publicación, no ha dejado de considerarse como lo que realmente es, una obra maestra, uno de esos imposibles discos generacionales, del que no ha hecho más que aumentar su valor con el paso de los años.

My Bloody Valentine, banda perteneciente a Dublin, formada por Colm O`Cíosóig (batería), Debbie Googe (bajo), Bilinda Butcher (guitarra y voces) y Kevin Shields (guitarra y voces), el artífice del mismo y principal compositor, fue una de las bandas más representativas (si no la que más) del género denominado Shoegazing.

El Shoegazing (o Shoegaze) es un estilo de música alternativa surgido a finales de los 80 en el Reino Unido, pero que alcanzaría su máximo esplendor en los primeros años de la década de los 90. Este término fue acuñado por la prensa a todas aquellas bandas en la que sus integrantes tocaban mirando hacia el suelo sin mantener contacto visual con su público. El pensamiento generalizado del porqué de este tipo de conducta es por la timidez de los músicos, por su miedo escénico, los cuales buscaban en sus zapatos el evitar la mirada de los asistentes a sus conciertos. Si bien es cierto que miraban hacia sus zapatos esto no era por el miedo escénico ni por timidez, si no por el uso que debían hacer de los pedales de efectos para hacer sonar sus respectivos instrumentos. Otras bandas representativas del género fueron Slowdive, Ride, Lush o Pale Saints.

El uso que hacían de estos pedales de efectos, en los que utilizaban el reverb, y el tremolo, además de muchos otros, dotaba a las canciones de una distorsión, siempre controlada, característica de los grupos shoegazing, pero My Bloody Valentine se diferenciaban (y caracterizaban) del resto por las melodías vocales femeninas, celestiales, y frágiles, casi siempre ocultas en la mezcla final bajo el armazón sónico producido por las guitarras distorsionadas, a las que servían como contrapunto de su dureza y ambientes densos y envolventes.

Se conocen como herederos directos de Sonic Youth, de los ambientes y voces de los Cocteau Twins y del Psychocandy de Jesus and Mary Chain. Estos últimos se nos presentan como su influencia más directa, aunque mientras los de Glasgow utilizaban la distorsión de las guitarras para la creación de una acústica mucho mas áspera, mas ruda y cruda, My Bloody Valentine darían un uso de esta distorsión de forma encaminada hacia lo ambiental, con una textura mucho más acuosa e incluso complaciente para el oído humano, sin despreciar en ocasiones esos “chorros de feedback” que fueron característicos del género. Otra de sus características más reseñables es el uso de samples en la gran mayoría de sus canciones, otorgándoles cuerpo a las composiciones, o incluso siendo estos los que la dirijan. El uso de estos samples se encuentra muy extendido en toda su obra, pero es especialmente en este disco, en el que samples de guitarras, de teclados, de batería e incluso de voces aparecen en las diferentes canciones.

My Bloody Valentine ya tenía en su haber (aparte de varios EP’s) un disco más, Isn’t Anything, que fue tan innovador como su predecesor, pero que de ninguna hacía presagiar las altas cotas de perfección sonora que rozaría la banda con su siguiente LP.

Loveless podría escucharse, no como el simple disco de canciones, si no como una verdadera suite de casi 49 minutos separada en diversos movimientos  (lo que serian las canciones), que no hacen si no conformar el todo. La separación entre tema y tema viene dada por una serie de interludios instrumentales absolutamente cohesionados, que no hace más que confirmar la unidad y continuidad de la obra general.

El disco se abre con Only Shallow, un comienzo directo, enérgico y atronador, con las guitarras creando un riff totalmente distorsionado, mientras que la potente sección rítmica marca el tiempo de forma métrica, los cuales darán paso a la voz etérea y cristalina de Bilinda.

Para continuar suena Loomer, un tema más reposado, aunque no por ello menos bueno, en el que al hacia el último minuto, el sample se une con las guitarras, realizando un final sin subidas de tono pero igualmente genial.

Touched, el único tema compuesto por el batería, Colm O`Cíosóig, interpretado íntegramente por los samples, y la pulsación continuada de la batería,  nos servirá como interludio entre Loomer y la preciosa To Here Knows When. Esta está caracterizada por un uso de la distorsión de forma envolvente y onírica, que va avanzando como si de un plácido sueño se tratase.

A continuación nos encontramos con When You Sleep, en la que se unen las voces de Bilinda y Kevin, formando una sola, en una letra en las que nos hablan de amor, pero de forma un tanto sutil y oscura. El uso de las voces de ambos cantantes a la vez se debe a que habían realizado multitud de tomas, de esta misma canción con ambas voces, y al no decidirse, Kevin decidió juntarlas.

I Only Said, viene introducida por la conjunción de guitarras y el uso del uso del sample, que se repetirá a lo largo de la canción, replicando a las guitarras y a las voces, dándole al tema su toque característico.

La segunda cara del vinilo comenzará con otra canción genial que sirve de perfeccion para adentrarnos en esta segunda parte, Come In Alone.

Seguidamente encontramos, lo que para mí, junto a Soon, es la cumbre del álbum, Sometimes. Una canción acústica (dentro de lo que podríamos considerar acústico en este género) con una guitarra acústica acompañando al resto de guitarras, las cuales crean una distorsión más reposada y controlada que en el resto de canciones. Se trata de una canción muy relajada y tranquila pero que alcanza altas cotas emocionales en el oyente.  Y qué decir de la letra, una letra romántica y triste a la vez, que no hace más que subrayar la perfección del tema. El uso del teclado sampleado acompaña a la suavidad de las guitarras. Sofia Coppola incluyó esta canción en Lost in Translation.

Blow a Wish, la canción que sigue a Sometimes es, posiblemente, la canción más ambiental de todo el conjunto, en la que las guitarras etéreas (y como no, distorsionadas, pero siendo esta una distorsión mucho más suave y pura) nos arrastran en un mantra casi hipnótico hasta el final de la canción.

Un último arrebato guitarrero vendrá dado por What You Want, en la que es para mí la mejor melodía del disco, en la que Kevin lleva la voz principal, mientras que Bilinda realiza los coros.

Esta precederá a Soon, la gran canción del disco (junto Sometimes). Soon ya había aparecido un año antes en el EP Glider. Esta canción está mucho más orientada al “baile” que las anteriores, siendo el primer single del álbum y uno de esos improbables grandes éxitos de la música de los 90 (en este caso un éxito muy underground, claro está). Brian Eno dijo de ella “es un nuevo estándar para la música pop. Es la música más imprecisa que jamás haya sido un éxito”. En cualquier caso es la canción perfecta para cerrar el disco.

El álbum tiene a su alrededor un halo de malditismo. Tardó unos 6 meses en grabarse, pero fueron totalmente exhaustivos para la banda, puesto que muchas sesiones comenzaban por la mañana y no finalizaban hasta bien entrada la noche. Todo ello fue debido a la incansable búsqueda de Kevin Shields de la perfección, buscando los sonidos, tonos y arreglos adecuados para sus composiciones.  Para poder registrar todo esto se utilizaron a más de 18 ingenieros de sonido y se grabaron las diferentes tomas en unos 19 estudios de grabación diferentes. Además el disco está considerado como uno de los más caros de la historia, puesto que costó alrededor de medio millón de libras, lo que hizo que su sello, Creation Records, acabase en la ruina.

Así pues, debido al duro trabajo en el estudio y a las crispaciones con el sello, las relaciones en el seno de la banda comenzaron a deteriorarse, lo que llevo a la desintegración del grupo después de firmar esta irrepetible (e irrepetida) obra maestra.

La crítica siempre la ha considerado uno de los mayores (y mejores) discos de todos los tiempos, además de una de las obras más representativas del underground de los años 90 (junto a OK Computer de Radiohead, entre muchos otros).

Incontables bandas y personalidades musicales han citado a My Bloody Valentine como una de sus influencias más directas e importantes, entre los que podríamos destacar a Robert Smith, el cantante de The Cure, Billy Corgan, de los Smashing Pumpkins, o Brian Eno, además de Radiohead. En la actualidad siguen ejerciendo su influencia en bandas como The Pains of Being Pure at Heart, Yuck, M83, The Radio Dept. o Sigúr Rós, además de bandas estatales como podrían ser Los Planetas, Klaus & Kinski o Triangulo de Amor Bizarro.

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Primavera Sound 2013

Los realizadores del Primavera Sound anunciaron una primera confirmación para ayer, día 8 de octubre.

Y ha sido Blur, el grupo que renovó la música británica (junto a Oasis, Pulp, etc) durante los años 90. Estarán, después de muchos años, de nuevo en los escenarios españoles el viernes 24 de mayo. Será este el único concierto que den en España, pero no en la península, puesto que también estarán presentes en el Optimus Primavera Sound, que se celebra en Oporto, donde tocarán el 31 del mismo mes.

La banda se reunió ya en el 2009 para realizar algunos conciertos en Inglaterra, y de nuevo volvieron a los escenarios el verano pasado para tocar paralelamente en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos londinenses y dar algún que otro concierto en pequeñas ciudades escogidas por ellos mismos.

Esta primera confirmación ha sido alabada por gran parte del público español, que ya deseaban verlos por nuestros escenarios, sin embargo otra parte ha visto esta confirmación como una pequeña desilusión, ya que muchos creen que hay mejores bandas para abrir un cartel y que el público desea más ver.

Yo, personalmente opino como los segundos. Siendo Blur un gran grupo, no veo esta confirmación con la misma fuerza que pudo tener la edición de este año con The Cure, en el 2011 con Pulp y Pj. Harvey, el 2010 con Pixies, Pavement o el 2009 con Neil Young, My Bloody Valentine o Sonic Youth.

Aunque esto no quiere decir que si fuese al festival no iría a verlos, siendo una banda con la que se podrá disfrutar muchísimo con su gran colección de hits.

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Stereolab – Mars Audiac Quintet (1995)

En el año 94 se creó el término post-rock para nombrar a todas aquellas bandas que, utilizando instrumentación propia del rock, utilizaban ritmos, melodías  progresiones de armónicos y timbres, que no se encontraban dentro de los parámetros establecidos en el tradicional género, así como un cierto gusto por la experimentación y por los desarrollos instrumentales. Bandas que poco tienen que ver unas con otras, como Talk Talk, Mogwai, Tortoise, Bark Psychosis, Gastr del Sol, Godspeed You! Black Emperor, fueron situadas dentro de este nuevo género.

Stereolab no iba a ser menos. La banda londinense, a lo largo de su obra (sobre todo en sus primeros álbumes, puesto que en los siguientes tirarán más hacia el “pop”) se observan claras las influencias provenientes del krautrock (Neu!, Can o Fraftwerk) , del jazz más “free”, de la música minimalista (Steve Reich) y de la música electrónica en general. Aunque no solo estas, también podemos rastrear en el ADN de la banda el rock experimental de The Velvet Underground, el pop de los años 60, el space rock o la bossa nova.

Otra influencia de la banda sería en la chanson francesa. La cantante, Laetitia Sadier, es de origen francés, por lo que no solo cantará en inglés, sino que algunas de sus composiciones son en su idioma natal.

La banda fue creada a partir de una relación amorosa entre Tim Gane (multiinstrumentista) y la vocalista de la banda Laetitia Sadier. Gane tocaba en McCarthy una banda británica. Tras la disolución de esta, decidió formar un nuevo grupo con una fan del mismo (Laetitia). Durante muchos años la formación de Stereolab ha ido variando, pero siempre han permanecido ellos como el núcleo de la misma.

Con el lanzamiento de Mars Audiac Quintet, Stereolab alcanzó el reconocimiento de la crítica (ya había editado dos álbumes anteriormente Peng! Transient Random-Noise Bursts With Announcements) realizando “el álbum más accesible” de la banda.

 

Para la edición de este disco, la banda se compuso de Laetitia Sadier (multiinstrumentista y vocalista), Tim Gane (guitarrista y multiinstrumentista), Sean O’Hagan (a la guitarra y a los teclados) que abandonaría la banda después de la salida del álbum  Andy Ramsay (batería), Mary Hansen (coros y guitarra), Duncan Brown (bajista) y de Katharine Gifford (a los teclados) como nueva integrante.

Mars Audiac Quintet se abre con “Three-Dee Melodie”, una canción larga y minimalista, que con su repetición de ritmos acaba volviéndose hipnótica y adictiva. Las canciones que vienen a continuación (las primeras del disco) siguen un patrón similar, aunque “Wow And Flutter” añadirá el ritmo motorik (heredado de Neu!) que se repetirá en varios temas posteriores, como “Outer Accelerator” o “Nihilist Assault Group”.

En quinta posición nos encontramos con la obra “pop” perfecta por la que cualquier grupo pagaría por hacer. Estoy hablando de “Ping Pong” una canción que tras su ritmo de bossa nova y su brillante melodía, esconde una dura crítica al capitalismo, por la que recibieron gran atención de los medios, que los tildaron de marxistas. En otras canciones, como la anteriormente mencionada “Nihilist Assault Group”, la banda nos muestra también contendrán letras de ideología marxista.

El álbum continuará con otros grandes temas, mezclando canciones con desarrollos instrumentales perfectos, otras con altas dosis de distorsión y algún que otro intento de llegar de nuevo a la perfección pop alcanzada por “Ping Pong” (véase “International Colouring Contest” y “L’enfer des Formes”).

 

En su siguiente álbum, Emperor Tomato Ketchup (del que hablaré próximamente), la banda se abriría a nuevas influencias, como el hip hop instrumental y abstracto, la música dub y el dance,  lo que los confirmó como una de las bandas underground más interesantes de la década de los 90, aunque fue Mars Audiac Quintet el disco que realmente los alzó a lo más alto.

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Grizzly Bear – Shields (2012)

Los adelantos del álbum (hablamos de “Sleeping Ute” y “Yet Again”) presagiaban algo bueno, pero también nos mostraba un acercamiento a una psicodelia más rockera, abandonando de alguna manera lo alcanzado en Veckatimest (2009), el disco anterior en el que alcanzaron su cima comercial y (parece ser) creativa.

Si en el anterior álbum la máxima que parecían querer alcanzar era la creación de un folk-pop imprevisible, luminoso y reposado, donde ocultaban la complejidad de sus canciones en una aparente sencillez, en este álbum han llevado la experimentación (antes incluida de una forma más serena) a cotas nunca antes alcanzadas por ellos. Se han convertido en algo así como los Radiohead de la psicodelia folk actual, y esta comparación no es gratuita, pues mucho han aprendido de la banda de Oxford desde que giraron juntos allá por el 2008.

Desde el final de gira de Veckatimest a la salida de este álbum nos separan unos meses de descanso y varios proyectos paralelos de sus integrantes, como son CANT (proyecto altamente recomendable del bajista Chris Taylor) o el EP que editó a principios de año Daniel Rossen (vocalista y guitarrista), con unas canciones que podrían verse como un adelanto (o unos descartes) del nuevo disco.

Nada más comenzar la escucha ya podemos apreciar el cambio de los albumes anteriores a este, en el que no encontraremos canciones tan inmediatas como fueron “Two Weeks” o “The Knife”.

Los riffs de guitarra, antes oscuros e intrigantes, ahora se vuelven más ruidosos y eléctricos  algo que se aprecia sobre todo en la primera mitad del álbum (canciones como las citadas al comienzo o la acústica “Speak in Rounds” dan buena fe de ello). Pero esto cambia en la segunda parte del álbum  en la que vuelven a los ambientes, a la delicadeza y majestuosidad del anterior Veckatimest. Y es en esta parte en la que salen ganando, con autenticas joyas como la jazzística “What’s Wrong” o “Sun in your eyes”, la inmensa y épica canción que sirve para cerrar el álbum.

De esta manera, Shields se presenta como un paso adelante en la carrera de los de Brooklyn, un disco que precisa de varias escuchas para que el oyente pueda llegar a apreciarlo. Aún así aun es pronto, y solo el tiempo dirá si merece estar a la altura de su predecesor o de si, por el contrario, se encuentra un paso por debajo.

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Chromatics – Kill for Love (2012)

Cinco años separan el anterior Night Drive (2007) de Kill for Love. En estos años, Johnny Jewel se ha dedicado a desarrollar sus otros proyectos, pero nunca dejando de lado su trabajo en Chromatics. Este lapso de tiempo entre ambos álbumes no se debe únicamente a estos otros trabajos, si no al afán perfeccionista de su creador, que buscando realizar el disco perfecto ha creado una de las cumbres del año (para el que escribe esto LA cumbre).

Gran parte de éxito de Kill for Love viene dado por la película Drive, de Nicolas Winding Refn. A Jewel se le encargó la banda sonora de la película, que fue rechazada por los productores y más tarde editada bajo el nombre de Symmetry : Themes For An Imaginary Film. Finalmente la banda sonora fue creada por Cliff Martinez, pero en ella se incluyó “Thick Of The Clock”, un tema de la banda de Portland incluido en Night Drive. Esto hizo que el grupo llegará a muchos oídos nuevos lo que le ha ayudado a alcanzar el éxito que realmente merece.

Musicalmente, el disco es un tratado de electro-pop humeante, de synth oscuro, de italo-disco ralentizado, guitarras post-punk al más puro estilo de New Order y reminiscencias totalmente ochenteras, a las que la etérea y perfecta voz de Ruth Radelet  las dota de una gran fragilidad.

El disco se abre con una declaración de intenciones en toda regla, “Into the Black”, una versión del  “Hey Hey, My My” de Neil Young, que sirve de introducción (incluso puede descolocar al principio). Pero es solo el comienzo, a partir de aquí vendrá una sucesión de verdaderos hits, como son  “Kill for Love” (la canción que da nombre al álbum), “Lady” o “Candy”. Junto a estas encontraremos “Running From The Sun” y These Streets Will Never Be The Same”, temas en los que se cambiará la voz de Ruth por la de sus compañeros, aunque estos entonarán las melodías haciendo uso del autotune y del vocoder, como si de unos Kraftwerk del s.XXI se tratasen.
Enlazando muchas de estas canciones hay una serie de temas  instrumentales, que de ningún modo desentonan en el disco, si no que le otorgan una mayor cohesión.
Finalmente, el disco se cerrará por “No Escape”, una pieza de unos 14 minutos, construida en tres partes, que se encuentra entre lo mejor compuesto por la banda.

La única pega que se le podría poner al álbum (aunque desde mi punto de vista es un punto a favor) es su duración, que es el doble o incluso tres veces más de lo que dura un álbum de duración media. El total son 90 minutos, lo que dura una película. Y es que es eso lo que es el álbum, la perfecta banda sonora para una película (la sensación no hace más que aumentar gracias a los créditos de la edición física del álbum). Escuchándolo no puedo dejar de imaginarme a Ryan Gosling conduciendo su Chevrolet por una oscura y humeante ciudad. Y esta es una de las grandes virtudes (si no la mayor) del álbum. El hecho de que la música no sea solo eso, si no que te transporte a un mundo imaginario de neones y asfalto, a una película imaginaria.

¡DISCO DEL AÑO YA!

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Cat Power – Sun (2012)

Después de seis años desde la edición de The Greatest, cuatro de Jukebox (su segundo disco de versiones), Chan Marshall vuelve con Sun.

En estos seis años hubo problemas con el alcohol, crisis nerviosas y una relación con el actor Giovanni Ribisi, la cual culminó con su ruptura en el 2012 y el matrimonio de este con una modelo británica al poco tiempo, lo que la sumió en una fuerte depresión.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, podríamos pensar que publicaría el “típico disco de post-ruptura”, un disco crudo, áspero y difícil. Sin embargo, la cantante de Atlanta se ha saltado todos estos clichés y nos trae un disco luminoso, intenso y realmente bonito.

En estas canciones ha dejado de lado a la banda que anteriormente la acompañó y ha tocado ella misma casi todos los instrumentos del álbum. Pero lo que realmente llama la atención son los instrumentos que ha usado. Apartándose un poco de las guitarras (que no prescindiendo de ellas) da un mayor peso al uso de los sintetizadores, a la ritmos electrónicos o incluso al autotune, llevando así sus composiciones a una nueva dimensión, todo ello con la ayuda del productor Philippe Zdar.

El disco puede parecer algo heterogéneo al principio, pero gana cohesión en la siguientes escuchas;  hay algunas canciones rockeras (“Peace and Love”), otras más electrónicas (“3, 6, 9”) y, por supuesto, no olvida la faceta folk con la que se dio a conocer (“Always On My Own”).

Por otro lado tenemos “Nothing But Time”, la cima del disco, en la que con la ayuda de Iggy Pop, consigue hacernos emocionar durante sus casi 11 minutos de duración. Pero no solo esta canción te pondrá los pelos de punta, “Ruin” o “Cherokee” también son composiciones increíbles.

Este disco supone una ruptura con sus anteriores trabajos, sobre todo en el plano instrumental, lo que lo convierte en un trabajo mucho más accesible para la gran masa de oyentes. Sin embargo lo que no ha cambiado nada ha sido la sensibilidad de Chan Marshall, la sinceridad y fragilidad con la que canta sus canciones y su capacidad para emocionar.

Tal vez no sea su mejor disco (yo personalmente me sigo quedando con You Are Free), pero, sin duda alguna, este paso adelante en la discografía de Cat Power debe ser reconocido como uno de los grandes discos de este 2012.

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